martes, 1 de octubre de 2019

Préstamo

Camino y camino, son calles y avenidas largas, muy largas, Nueva York es grande. He llegado a la Quinta Avenida, mucha gente a pie, tiendas elegantes. Entro a una de diseño escandinavo, todo me gusta, todo está más allá de lo que puedo pagar. A punto de salir lo veo, pequeño, no es barato, pero lo pido. Una dama lo pone en una caja fina y lo envuelve como joya. Así se lo entregué a mi papá en México. Nunca supe si le gustó. Por supuesto me dio las gracias y tuvo un lugar sobre su escritorio en la casa, pero nada más. Entonces se veía original, de elegancia nórdica, después aparecieron cosas de imitación, con toda clase de objetos incrustados, desde virgencitas hasta alacranes. En el de mi papá una pesada esfera negra de hierro parece flotar en su centro, es un cubo rojo oscuro transparente, perfecto, de 70 milímetros de lado. Yo sentía como si sólo se lo hubiera prestado; lo tuvo hasta que murió ocho años después y desde entonces lo tengo yo. Ahora creo que es él quien me lo ha prestado. El cubo rojo cumple hoy 50 años.