miércoles, 9 de octubre de 2019

Galaxia


¿Hay flores con esos colores? ¿Es artificial? El agua de lluvia saca del pavimento al aceite derramado y la luz del cielo gris se ve de colores en él. No he visto flores así. Es natural.

viernes, 4 de octubre de 2019

Corona blanca






En 1931 Harold E. Edgerton inventó el flash electrónico y con él vemos lo que no imaginábamos que sucede ante nuestros ojos. Una pequeña joya es la efímera corona de leche que ocurre cuando una gota cae sobre un plato.

   Me veo como el músico que reconoce al autor de la obra que interpreta, hago un homenaje al maestro Edgerton con mis coronitas de gotas de leche.

martes, 1 de octubre de 2019

Préstamo

Camino y camino, son calles y avenidas largas, muy largas, Nueva York es grande. He llegado a la Quinta Avenida, mucha gente a pie, tiendas elegantes. Entro a una de diseño escandinavo, todo me gusta, todo está más allá de lo que puedo pagar. A punto de salir lo veo, pequeño, no es barato, pero lo pido. Una dama lo pone en una caja fina y lo envuelve como joya. Así se lo entregué a mi papá en México. Nunca supe si le gustó. Por supuesto me dio las gracias y tuvo un lugar sobre su escritorio en la casa, pero nada más. Entonces se veía original, de elegancia nórdica, después aparecieron cosas de imitación, con toda clase de objetos incrustados, desde virgencitas hasta alacranes. En el de mi papá una pesada esfera negra de hierro parece flotar en su centro, es un cubo rojo oscuro transparente, perfecto, de 70 milímetros de lado. Yo sentía como si sólo se lo hubiera prestado; lo tuvo hasta que murió ocho años después y desde entonces lo tengo yo. Ahora creo que es él quien me lo ha prestado. El cubo rojo cumple hoy 50 años.


martes, 17 de septiembre de 2019

Fresnos

Este palo me hace imaginar al enorme fresno cuya amplia sombra cubría todo el jardín. En ese jardín jugué desde que nací, ahí mis papás organizaban pequeñas reuniones de domingo, comidas, fiestas, posadas y hasta banquetes de bodas. Algo que tengo bien grabado es el pasto, sus colores, olores, seco o mojado, cuando jugaba ahí con pocos más, que eran primos, mi hermano, y mi fiel amigo vecino.
  Este palo, de sólo 72 centímetros, es para alguien de unos 8 años, como debo haber tenido. Tiene aún el sello de fábrica que dice “FRESNO DESFLEMADO”, yo no sabía qué era desflemado, pero sí sabía que era como el árbol, ¿cuántos palos como este pueden salir de ese árbol? Nunca jugué en equipo formal, sólo de vez en cuando entre nosotros, claro, en el jardín.

  Este palo sobrevivió a un incendio, eso fue años después en otra casa. El gran fresno ya no está, nos fuimos de esa casa y lloré cuando lo cortaron en pedazos para hacer lugar a un edificio que ocupa lo que fue el jardín sombreado.

  Este palo me hace imaginar el columpio que mi hermano colgó de una rama del fresno, tan alta que, al elevarse en el columpio, uno sentía que volaba. Imagino el jardín cubierto de hojas secas desprendidas del fresno y la enorme montaña que se hacía al reunirlas, hecha para zambullirse en ella. Qué placer tuve la noche de lluvia en que metí los pies descalzos en el agua fría de la azotea inundada. Sus coladeras se taparon con el bodoque que se hacía de las pequeñas semillas que en multitud volaban desde el fresno. Era una maravilla verlas bajar en enjambre gigante, como pequeñas puntas de lanza, son pequeñas hélices que giran y giran. Lo más bello era mirar al árbol desde abajo en un día tranquilo de suave viento. Majestuoso, mostraba sus ramas, sus hojas, su leve movimiento y su sonido tranquilizante. ¡Qué pequeño me sentía!

miércoles, 16 de enero de 2019

Qué lejos


¿Qué tiempo hace que no veníamos?
Qué largo se me hace.
Qué lejos está mi portería.